El nombre de este blog es mi pequeño homenaje a las maletas, esas compañeras fieles e imprescindibles en todos nuestros viajes y que por suerte, con el tiempo fueron evolucionando hasta llegar a tener en la actualidad unas maravillosas ruedecitas que nos permiten poder tirar de ellas (en lugar de cargarlas) y hacer nuestros viajes mucho más placenteros aún. ¡Qué bien nos hubieran venido a muchas y a muchos hace unos cuántos años!

Amigos curiosos y viajeros

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domingo, 12 de mayo de 2013

DALI Y GALA, SU ADORADA ALMA GEMELA



Salvador Felipe Jacinto Dalí Doménech nació en Figueras (Gerona) el 11 de mayo de 1904,  y fue desde su llegada al mundo un niño diferente. Sus padres habían tenido otro hijo siete años antes y lo habían perdido recientemente, por lo que volcaron todo su amor al recién nacido que venia a llenar el vacio familiar. 

Mimado en exceso, sus naturales convicciones de superioridad y grandeza se intensificaron, permitiendo que su fructífera imaginación volara a alturas insospechadas. El se sentía un rey y actuaba como tal, con la profunda convicción de que su grandeza algún día seria reconocida por todo el mundo.



Cuando tenia 7 años comenzó a asistir a la escuela publica, donde el contacto con los niños pobres de la ciudad lo hizo sentir aún más que él era diferente. Por eso evitaba relacionarse con sus compañeros, prefería permanecer oculto en un mundo propio que inventaba. Pero fue allí a los 7 años, cuando por primera vez vió, o mejor, intuyó, a quien sería el amor de su vida. En casa de su profesor había un pequeño teatro mecánico que representaba escenas de lugares distantes, y una de ellas mostraba un paisaje ruso, con una niña en él. Ella se convirtió en su sueño, en su idealización del amor; y desde ese momento supo que esa mujer sería la única dueña de su corazón. 


El tiempo fue pasando y cuando una chica le llamaba la atención, era porque de alguna manera tenia cierto parecido con la imagen de su sueño. Entonces trataba de encontrar en ella todas las cualidades que le había atribuido a su heroína y al no hallarlas, se desilusionaba, creando dentro de su mente hipersensible un terrible sentimiento de frustración. 

Su adolescencia fue dramática. Su mentalidad muy avanzada para su época, unida a ese temperamento teatral que poseía, no le permitían darse el lujo de fracasar, actuaba de forma extraña, polémica, pero nunca de manera que fuera contra sus más íntimos deseos. Sin embargo, internamente Dalí era tímido, y sentía terror de enfrentarse al momento de hacer el amor, pues temía ser impotente. Por tal razón, sus relaciones amorosas se mantenían siempre en un punto casi platónico, del que él mismo no se permitía avanzar. Besos, caricias, bromas y luego, la ruptura. 

Ya de adulto, se sentía rechazado por las mujeres y no tenia valor para abordarlas. Pero en 1929, cuando tenía 25 años, todo cambió para él. Su obra estaba comenzando entonces a ser admirada en los exclusivos centros artísticos de París. Una tarde el poeta surrealista Paul Eluard llegó a visitarlo con su esposa Gala.

Gala (Helena Ivanovna Diakonova) habia nacido en Kazan (Rusia) y tenía entonces 35 años. Ella y Eluard, su marido, podrían ser considerados como un matrimonio “perfecto”: él culto, amante del arte y bien parecido; ella, alta, esbelta, elegantísima, acostumbrada a la buena vida. Ambos acaparaban la atención en los más exclusivos grupos de intelectuales de la época. 


Dalí no sospechaba que esa visita transformaría por completo el rumbo de su vida. Por entonces, Dalí padecía de incontrolables ataques de risa, que aparecían justamente en los momentos menos oportunos y que podrían durar hasta veinte minutos. Estando en uno de ellos, vió a Gala por primera vez, en ese instante ni siquiera le prestó mucha atención, tan inmerso estaba en sus carcajadas. Gala tampoco reparó en él, estaba cansada y prefirió marcharse al hotel. Unas horas más tarde, se reunieron nuevamente con unos amigos y, por primera vez, sus miradas se cruzaron y ambos sintieron ese escalofrío premonitorio de estar enfrentándose con el destino. 

Quedaron en encontrarse a la mañana siguiente, en la playa. Dalí decidió prepararse para el encuentro. Se abrió y arremangó la ropa para hacer resaltar su bronceado. Se puso al cuello un collar de perlas y en la oreja un geranio rojo. Se hirió al afeitarse la axila y se embadurnó el cuerpo con su propia sangre, a la que agregó estiércol de cabra y aceite.

Enseguida Salvador Dalí comprendió que la niña rusa de sus sueños infantiles se había materializado y enseguida supo que quedaría atrapado en sus redes. Pocos meses después, profundamente enamorados, se fueron a vivir juntos.


Ella por su parte, no pudo sustraerse a la atracción que le causaba aquel hombre excéntrico que no paraba de reír. Pronto se convirtieron en inseparables, se pasaban las tardes juntos caminando por la orilla del mar, hasta que Paul Eluard, dándose cuenta de que su esposa estaba embrujada por aquel hombre extraño, se marchó de París, dejándoles el espacio abierto para que pudieran disfrutar plenamente de su amor. 

La familia de Dalí se opuso fuertemente a la relación. Su padre no aceptaba que su hijo saliera con una rusa drogadicta y casada, y consideraba que el dinero que Dalí estaba percibiendo era por vender drogas, pues no podía creer que las pinturas de su hijo estuvieran cotizándose tanto, así que se negó a recibirla más en su casa e incluso llegó a desheredar a su hijo. Gala se olvidó se su marido y se consagró por entero a Dalí, convirtiéndose en la única persona que podía prácticamente adivinar todos sus pensamientos. 

La irrupción de Gala en la vida de Salvador Dalí sería fundamental, tanto en su vida como en su obra. Tanto fue así, que pasó a firmar sus obras como Gala-Dalí. Dalí pintó a su musa una y otra vez, vestida, desnuda, de espaldas, de mil maneras. El tenia a su musa y ella tenía a su artista. Y por supuesto, lo representaba encargándose de todos los negocios. Ella manejaba el dinero y la vida de Dalí. 



La figura de Gala, a pesar de  los años transcurridos y de los libros escritos sobre ella, sigue siendo un misterio. Fue un rompecabezas, en el que encajaban muchas piezas y muchas facetas.

Muchos la siguen tildando de bruja, manipuladora, egoísta, posesiva, arisca, antipática, interesada, tacaña, caprichosa (dicen que en sus viajes siempre llevaba dos maletas, una con medicinas y otra con dinero para gastar en los casinos), mujer sin escrúpulos, una tirana capaz de vampirizar a los hombres que se cruzaran en su camino y que sabía muy bien lo que quería, una mujer con excesos sexuales (dicen que llegó a sacar moldes del sexo de los surrealistas) y con un gran interés por los jovencitos.

Pero también fue, para otros, una mujer culta, moderna, independiente y frágil, en busca de la eterna juventud, vulnerable y víctima de la misoginia de los surrealistas, una mujer creativa e intuitiva, a la que le interesaban la videncia y el tarot. 


Juntos vivieron etapas difíciles, sobre todo al inicio de su relación, cuando ella se separó definitivamente de su marido y el mundo entero se confabuló contra ellos.

El de Gala y Dalí fue un matrimonio nada convencional. Porque ninguno de ellos lo era. Dalí sucumbió de inmediato ante un espíritu libre, vitalista, hedonista, que avivó todo su talento y extravagancia. Estaba perdidamente enamorado de ella. Y no había dudas de que ella también lo estaba de él. Y esto provocaba un tipo de relación amorosa muy especial y bastante extraña también, teniendo en cuenta la potente sexualidad de Gala y el hecho de que Dalí era homosexual. 





Dicen que el matrimonio jamás se consumó, lo que, según el pintor, se debía a que ella era una diosa y no podía ser mancillada. Y mientras Dalí no tocaba a su mujer-diosa, ella se acostaba con una gran cantidad de hombres y de mujeres. Pero nunca lo engañó. Siempre le dijo con quién se acostaba e, incluso, Dalí lo presenciaba. Era una de las cosas que más complacía al pintor. Gala presentaba sus amantes, siempre muy jóvenes, a Dalí. Él los recibía con mucho afecto y se encargaba de hacerles regalos muy generosos. A ella le gustaba que la mirasen o estar con varios hombres y mujeres a la vez. Él disfrutaba mirando y, de vez en cuando, teniendo relaciones con otros hombres. Los psicólogos han afirmado que padecía de candaulismo, que es una variante del voyeurismo.

Como ambos eran amantes de la buena vida, despilfarraron rápidamente todo lo que tenían y pronto se vieron con grandes dificultades económicas. Pero juntos también disfrutaron las épocas de gloria, del triunfo espectacular de Salvador Dalí. Y sobre todo de la plena realización de ambos a través del amor. Y como jamás les importó el qué dirán, contrajeron matrimonio por lo civil en 1934 y en 1958, muerto Éluard, tuvo lugar la ceremonia religiosa en el santuario de Els Ángels, cerca de Gerona, España.




En su autoexilio a Estados Unidos, Dalí se llevó varios cuadros con él, pero no pudo salvar todas sus obras y los nazis destruyeron las pinturas que el maestro surrealista dejó en Francia. En California, Dalí continuó pintando sus cuadros, diseñó varios decorados para varios ballets y obras de teatro, escribió una autobiografía titulada "La vida secreta de Salvador Dalí" y la novela "Los rostros ocultos", decoró con frescos el departamento de Elena Rubinstein y realizó muchas ilustraciones para libros. 

En 1948 Dalí y Gala regresaron a España, después de 8 años de exilio y se establecieron en Portlligat, donde el pintor se consagró a plasmar varias obras de arte religioso. Dalí es un pintor reconocido en su país y su padre ha aceptado ya la relación de su hijo con una mujer rusa y separada. Desde entonces, los Dalí pasan las primaveras y los veranos en Portlligat, y los inviernos entre Nueva York y París.

En 1968, el pintor le compra a Gala un castillo en el pequeño pueblo de Púbol (provincia de Girona), al que él no podía acceder sin el permiso previo y por escrito de su esposa. Allí pasaba Gala cortas temporadas veraniegas y allí también recibía a sus amantes.

Los hijos no entraron nunca a formar parte de los planes de la pareja, sentían que todo su ser debían consagrárselo enteramente uno al otro, sin compartir ese amor con nadie. Gala se convirtió en la musa inspiradora. El modelo que aparecería en la mayoría de los cuadros de su marido, la sacerdotisa que le leía las cartas todos los días y le pronosticaba el porvenir, la única persona capaz de darle calma al inquieto espíritu del genio catalán.



Dalí jamás le fue infiel, decía que era imposible traicionar a su sombra. Ella lo acompañaba a todas partes, era su amuleto de buena suerte. Cada exposición, cada discurso, cada premio que recibía, no tenían ningún valor si ella no lo compartía con él. 

A pesar de su rostro frío y arrogante era irresistiblemente seductora. En los últimos años no salía a la calle sin su lazo negro de terciopelo que le regaló Coco Chanel.


La muerte de Gala el 10 de junio de 1982, a los 89 años, dejó al pintor sumido en la mas profunda tristeza. De forma voluntaria se recluyó en su casa, y prácticamente se negó a salir y a recibir visitas, de hecho quiso suicidarse "por deshidratación", negándose a comer y beber. Y así, siguió viviendo como un monje de clausura, de cuyo enclaustramiento salió sólo para ser enterrado, el 23 de enero de 1989 a causa de un problema cardíaco y una neumonía.

Gala descansa en el castillo de Púbol, donde Dalí diseñó dos tumbas contiguas con orificios laterales para que ambos pudieran entrelazar sus manos para toda la eternidad. Pero en sus últimos días, el artista pidió ser enterrado en la cripta del Museo Teatro de Figueras. Alrededor de 40 kilómetros les separan para siempre. Por disposición suya, todos sus bienes y su obra pertenecen al estado español.

Amigos, compañeros, cómplices, locos lunáticos, almas gemelas....... Está claro que no fueron para nada una pareja convencional, pero lo que también dejaron muy claro es que se quisieron intensamente, que vivieron juntos cincuenta años y que sólo la muerte los separó.










Este blog con este post ha sido muy amablemente invitado por Ricardo José Lebrancón a participar en el balcón de su blog "Crónicas desde su balcón" y muy gustosamente he aceptado. ¡Gracias Ricardo!


Fuentes:


lunes, 21 de enero de 2013

MILEVA GARIC Y ALBERT EINSTEIN, UNIDOS POR LA CIENCIA



Hoy comienzo una nueva sección en el blog sobre Parejas famosas en distintos campos de la vida. Una cosa que siempre me ha encantado hacer es bucear en las biografias de la gente, quizás para encontrar algunas facetas más desconocidas de ellos, que nos hacen ver a estos personajes importantes bajo otros puntos de vista, más humanos quizás, más "de carne y hueso", que hacen que nos acerquemos más a ellos y les veamos como al resto de los mortales, lo cuál puede llevar a que el personaje en cuestión nos decepcione o bien que le admiremos más todavia. Sobre el personaje de hoy, después de leer la entrada, vosotros diréis y opinaréis.........

Porque he pensado comenzar con esta pareja, en la que el que pasó a la historia y se llevó todos los honores fue él, pero sin embargo, la que fue su compañera durante muchos años se lo habría merecido tanto o más que su marido.

Mileva Maric (1875-1948) y Albert Einstein (1879-1955) se conocieron en la Universidad Politécnica de Zürich a finales del siglo XIX. Maric era la única mujer que estudiaba matemáticas y física en aquella universidad. En 1896 iniciaron una relación sentimental y Einstein estaba fascinado por la intensa colaboración intelectual que recibía de parte de su compañera serbia. Ambos hablaban el mismo lenguaje: ella le dio clases de matemáticas (que nunca fueron el fuerte de Einstein), preparaban juntos sus exámenes y compartían el mismo interés por la ciencia y por la música. Einstein le escribió en 1900: "Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo".



A la única persona que disgustaba aquella relación era a la madre del genio, una alemana misógina y xenófoba, que nunca vio con buenos ojos a la serbia: "Ella es un libro igual que tú, pero lo que tú necesitas es una mujer. Cuando tengas 30 años, ella será una vieja bruja".

En 1902 Einstein se trasladó a la ciudad de Berna, Suiza, donde consiguió empleo en una oficina de patentes. Tras cinco años de convivencia Albert y Mileva terminaron casándose a comienzos de 1903 y tuvieron su primer hijo al año siguiente. En sus ratos libres, Einstein desarrolló, entre otras cosas, la Teoría de la relatividad especial que habría de revolucionar la física moderna. Los frutos de su trabajo fueron publicados en 1905, en la -en aquel entonces- prestigiosa revista Annalen der Physik. 

Cuando se le preguntaba a Mileva por qué no firmaba los artículos que elaboraba junto a su esposo, su respuesta era: "Wir sind ein Stein!" (Somos Einstein), que en alemán significa "somos una piedra".

Aunque Mileva fue una sobresaliente matemática, nunca terminó formalmente sus estudios, en cambio Albert pudo defender su tesis doctoral en 1905. Para 1908, Einstein consiguió finalmente un puesto de profesor en la Universidad de Berna. En cuanto a Mileva, el matrimonio la obligó a abandonar definitivamente la universidad y la física.

Existen varias cartas del noviazgo en las que Einstein debate con ella sus ideas de la relatividad e inclusive se refiere a "nuestra teoría" y le da un trato de colega. A partir de estas evidencias hay estudiosos que concluyen que las ideas fundamentales de la teoría de la relatividad fueron de Mileva Maric, quien no pudo continuar con su carrera puesto que se hizo cargo del cuidado de los hijos, uno con retraso mental, lo que desde luego le exigió más cuidados maternales. Incluso ahora se sabe que engendraron una niña en 1902, antes de casarse, de la cuál se sabe muy poco, sólo que la entregaron en adopción.



Mientras ella cuidaba de sus hijos (tuvieron 4 en total) y renunciaba a la ciencia, Einstein desde su puesto académico tuvo el tiempo suficiente para concluir sus estudios y desde luego para desarrollar la teoría, de la que se sabe ahora, no todo el crédito era suyo. En esa pareja de físicos alguien tenía que cuidar a los niños, alguien tenía que lavar y preparar la comida; y ése fue el papel que Einstein y la sociedad patriarcal asignaron a Mileva, quien subordinó todas sus aspiraciones a los objetivos de su esposo y puso todos sus conocimientos a su servicio.

Con el paso del tiempo la relación se tornó disfuncional. Ella ya no le resultaba divertida y tampoco le aportaba nuevas ideas ni conocimientos.  "Mi gran Albert ha llegado a ser célebre, físico respetado por los expertos que se entusiasman por él. Trabaja incansablemente en sus problemas. Puedo decir que sólo para eso vive. Tengo que admitir, no sin vergüenza, que para él somos secundarios y poco importantes", escribía Mileva a unos amigos. Einstein a su vez admitía: "Nuestra vida en común se ha vuelto imposible, hasta deprimente, aunque no sé decir por qué".



Las “Reglas de conducta” que Albert Einstein le impuso por escrito en 1914 son una cruda muestra de su autoritarismo y, a su vez, del machismo y violencia psicológica que ejerció en contra de Mileva:

"A. Te encargarás de que: 

Mi ropa esté en orden,
Que se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación,
Que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.

B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales.

En especial no solicitarás que:
Me siente junto a ti en casa,
Que salga o viaje contigo.

C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:

No deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,
Deberás responder de inmediato cuando te hable,
Deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.

D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho."

Con este tipo de imposiciones obviamente que las cosas no funcionarían nunca, por lo que los Einstein terminaron separándose en 1914. Einstein volvió a casarse en 1915 con una de sus primas, Elsa Einstein, quien también era divorciada y tenía dos hijas. Esta nueva relación marital fue como un necesario soplo de vida para el aún desconocido físico, ya que apenas un año después y con una inusual lucidez y energía dió a conocer su famosa Teoría General de la Relatividad.



Elsa fue la mujer sumisa que Einstein buscaba. En silencio y total sumisión supo mantenerse a prudente distancia, dedicada al hogar y facilitándole el trabajo de investigación. Su doméstica obediencia dió un paso más cuando aceptó organizarle la agenda y restringirle el número de visitantes que aspiraban hablar con él, a medida que crecía su fama.

Y es que Einstein era un misógino empedernido. Estaba convencido de que "muy pocas mujeres son creativas. No enviaría a mi hija a estudiar física. Estoy contento de que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia". Decía también que "la ciencia agría a las mujeres".

De los hechos se desprende que Einstein nunca necesitó una esposa sino una secretaria, y que no quiso formar una pareja científica ni conceder crédito alguno en su teoría a su ex esposa Mileva. Quizá por eso, de alguna manera le pagó por su aporte, al otorgarle el dinero que ganó por el Premio Nobel de Física, en 1921, por sus publicaciones de 1905. De hecho fue en los años de su vida conjunta, hasta 1914, cuando nacieron las obras más importantes de Einstein, por lo que algunos creen que el papel de su mujer era significativo, sobre todo en matemáticas, materia en la que alguna vez brilló en su Facultad.

 Mileva vivió hasta el último de sus días en Zúrich, en un apartamento con vista a la facultad en la que estudiaron juntos. El piso fue comprado justamente con el dinero del Premio Nobel, al igual que también sirvió para pagar los gastos de hospital de uno de sus hijos, enfermo de esquizofrenia.

Hacia los 45 años Mavic había sobrevivido a la pérdida de sus hijos, de su esposo y de sus sueños profesionales. Tenía dinero por el acuerdo de divorcio y ganaba algo más dando clases de matemáticas y de música.

Einstein murió en 1955 y Mileva Mavic quedó olvidada hasta que Schulman, que había oído hablar de unas cartas de amor, localizó unas 400 que había guardado la madrastra de Einstein. El público general se enteró en 1992 cuando la prensa sacó a la luz estas cartas, gracias a las cuáles todos hemos podido conocer mejor la vida personal y familiar de uno de los grandes genios de la ciencia (pero sólo de la ciencia, añadiría yo……...).


Fuentes:
Mujeres
Wikipedia

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