El pasado verano descubrí los yogures helados gracias a una
de mis sobrinas, que un día que estábamos por el centro de Madrid a la busca y
captura de un bikini, en plena época de rebajas, me metió de repente, en una heladeria, que era una franquicia de otras que ella ya conocía, tras haberlos probado el
verano anterior, en una de Santa Pola (Alicante), el lugar de veraneo familiar.
Yo la seguí con cierto escepticismo, porque la verdad es que
nunca he sido muy de helados, a pesar de lo golosa que soy, y es que los
helados más que quitarme la sed, me la aumentan, desde el mismo momento en que
le he dado el último lametón al cucurucho o tarrina de turno. A continuación me
entran unas repentinas ganas de beber agua lo más helada posible, por lo que el
helado más que refrescarme, me provoca el efecto contrario.
Así que, de ahí mi escepticismo. Pero cuál no sería mi
sorpresa cuando veo que en el mostrador se me ofrecían ante mi un gran abanico
de posibilidades y combinaciones, siempre teniendo como base el helado de
yogur, pero con la posibilidad de combinarlo con muchas frutas, a cuál más
refrescante (kiwi, fresa, mango, coco, …..), con varias mermeladas y siropes de
sabores varios y con otros pequeños y tentadores acompañantes, tales como
pepitas de chocolate, galleta caramelizada triturada, nubes dulces, frutos
secos, etc.
A todas estas cosas se las llama toppings (palabra inglesa
que significa en español “aderezo”), y es que parece que este invento
proviene de los Estados Unidos (que sorprendente ¿verdad?) aunque aquí en España ha sido un joven
emprendedor murciano de 28 años el que se lanzó a la aventura de montar la
primera empresa de este tipo en nuestro pais, hace un par de años.
A primera vista, la gama de colores y sabores era de lo más
apetecible, así que propuse una combinación para mi tarrina de helado (helado de yogur con trozos de fresa alrededor y galleta caramelizada y sirope de dulce de leche por encima) y me
lancé a probarlo. El resultado es que tras mi primera cucharada, no pude dejar
de exclamar a mi sobrina ¡pero qué rico está esto¡ ¡y qué refrescante! Y así
hasta que lo acabé (cuando algo me gusta, puedo ser un poquito repetitiva jejeje).
Resultado de esa primera experiencia: que gracias a mi
sobrina me eché al vicio de los yogures helados y cada vez que paso por una de
estas franquicias, mis pasos me llevan dentro de la heladeria, sin que mi
voluntad rechiste ni oponga resistencia alguna.
A mi segundo vicio de este verano lo descubrí un día
esperando a una amiga, la casualidad quiso que hubiera cerca de mi una tienda
de ultramarinos chinos y que yo estuviera sedienta. Resultado: visita a la
tienda, después de que mis ojos se fueran tras un cartel como éste:
Entonces descubrí que había un montón de sabores, a cuál más
exótico, y finalmente me decidí por uno de papaya, que estaba delicioso y muy
refrescante. Desde entonces (y de eso no han pasado más de 2 semanas)
cada vez que paso al lado de uno de estos carteles, una fuerza superior a mi me
arrastra dentro de la tienda de ultramarinos donde está colocado, cuál imán,
y decido añadir un sabor-muesca más a mi ya largo historial polero.
Después de aquel primer polo tropical de papaya he probado el de mango, tuti fruti, coco, fresa, guanabaná, chicle, dulce de leche, guayaba,…….. ¿cuál será el próximo?
Porque aún me quedan por probar el de lúcuma, mango verde, maní,
queso, tamarindo, mora, maracuya, lulo,........ y ya sólo el oir estos nombres tan dulces y exóticos, me suena a música celestial......¡en mi estómago!