Una compañera del trabajo está estudiando Educación Social y el otro dia me comentó que en una de sus clases les habian hablado de un profesor muy especial que impartia sus clases en un colegio de Japón y les mostraron un video en el que se veia como hacia este profesor su trabajo, y ella me lo comentaba bastante sorprendida e impresionada por lo que había visto. Para no variar, esto despertó mi curiosidad y empecé a buscar información sobre ese profesor, porque además tengo que añadir que todo el tema de la educación siempre me ha interesado mucho, por deformación académica supongo.
El caso es que este profesor se llama Toshiro Kanamori y ejerce su trabajo en la Escuela Pública Minami Kodatsuno de Kanasawa, en Japón. Este maestro utiliza una metodologia muy especial, en la cuál proporciona a los alumnos un espacio adecuado para que ellos puedan expresar sus emociones sobre temas tan diversos y a la vez tan corrientes como la muerte, la amistad, la burla y el desprecio, el abuso, la solidaridad, el amor, la mentira, el engaño, la gratitud, etc. Es un sistema de educación en la que se reúne el corazón y la mente a la vez, en el aula.
Y para mostrar la labor de este profesor, se realizó un video en el año 2004, titulado “Children full of life” (traducido aquí como “Pensando en los demás”) y producido por NHK (Japón). Dura 45 minutos y está dividido en 5 partes de unos 10 minutos cada una. En este documental se enseña el trabajo de Toshiro Kanamori durante un año en la escuela pública infantil en la que trabaja. Pasó por varios festivales, recibiendo varios premios. Y la verdad es que es muy, muy interesante. Este hombre prepara a sus alumnos “como un todo” frente a la vida. Les enseña matemáticas, historia, geografía y ciencias, pero a la vez también les enseña a identificar, reconocer y saber expresar sus emociones, cooperando empáticamente con los demás.
Kanamori pregunta a sus 35 alumnos al comenzar el curso: “¿Para qué estamos aquí?”, y ellos responden todos a una: “Para ser felices”. Y es que aprender a vivir deberia consistir en eso, en entrar en un proceso donde, tras numerosas pruebas y errores, vamos comprobando lo que nos hace más felices, más humanos, más auténticos, más nosotros mismos. Este debería ser el objetivo de toda educación, tanto en casa como fuera, preservar la propia identidad, no alejar al individuo de sí mismo, para evitar posteriores sufrimientos. Se trata de enseñar a los jóvenes a gestionar la rabia, la pena, la agresividad, la sorpresa, la felicidad, la envidia, el desprecio, la ansiedad, el asco o la sorpresa. Cooperación y empatia, ser uno mismo pensando a la vez en los demás, reir y llorar, sentir, disfrutar, sufrir, aprender en suma…….
Y por desgracia, la verdad es que todavia en la mayoria de los casos, tenemos aún un sistema educativo anclado en la prehistoria, en el que aún se sigue enseñando a los niños de una manera en que los profesores sólo son meros transmisores de información y los alumnos meros receptores pasivos de ella. Cuando el aprendizaje debería estar realmente basado en fomentar el proceso individual y la experimentación personal de cada alumno como condiciones para fomentar la propia creatividad, el bienestar socio-emocional y el crecimiento personal del niño, como también dice Eduard Punset. Porque aprender a vivir exige una necesaria educación en lo emocional.
Como podemos ver en los vídeos, el maestro Kanamori enseña con el método de "las cartas del cuaderno". Los niños, que entonces tenían 10 años, escriben acerca de lo que sienten sobre determinados acontecimientos de la vida cotidiana. La escritura supone una terapia de desahogo a través de la palabra. Hay una escena que es especialmente emocionante (en la quinta parte del video) en la que la madre de Tsubasu (un niño que acaba de perder a su padre) agradece a los compañeros de clase el ánimo que han dado a su hijo a través de las cartas que le han escrito y de la acogida que le dispensaron al volver a clase.
Y antes de colgar los videos para que podáis ver este interesante documental, quiero dejar una pequeña anotación histórica sobre este tema. Y es que el antecedente del uso de los Cuadernos están en el pedagogo francés Celestin Freinet, para el que la escuela debia ser el lugar en el que los alumnos unieran pensamiento y acción, donde el niño tuviera que pensar haciendo y hacer pensando. Celestin fue un pionero de la educación y la comunicación y junto a su esposa Elise fue el creador de la imprenta y del periódico escolar y del gramófono, el disco, la radio y el proyector de cine como medios de aprendizaje y apoyo en el proceso de comunicación.
Freinet observó que no era fácil educar si no se parte del interés de los alumnos y practicó con ellos una enseñanza que partía de sus propios intereses, cercana a sus problemas reales, basada en su propio trabajo en el aula. Decia: “La escuela no debe desinteresarse de la formación moral y cívica de los niños y niñas, pues esta formación no es sólo necesaria, sino imprescindible, ya que sin ella no puede haber una formación auténticamente humana”.
Como decia Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta sencillo”. Reprimir las emociones da lugar a enfermedades que pueden llegar a ser graves. Soltarlas de modo inadecuado, en cuanto al lugar, al modo o al tiempo, también da lugar a problemas. Nuestros problemas, como dijo el físico cuántico David Bohm, surgen por la ruptura de la armonía entre el intelecto y las emociones.
Y como dijo Saint-Exupery en aquella famosa cita de “El principito”: “Sólo se puede ver correctamente con el corazón; lo esencial permanece invisible para el ojo”.
Mercedes, este post va dedicado a ti, por haberme inspirado la idea de escribir esta entrada. ¡Gracias por ello!
Y aqui dejo los 5 videos del documental. Es una versión emitida por el C33 de Cataluña, doblada en catalán y subtitulada en castellano. Vale la pena ver en acción a este profesor y ver lo felices que son sus alumnos en sus clases. ¡Ojalá hubiera muchos Toshiro Kanamori en las escuelas!
Fuentes:
www.eduardpunset.es















